Bizancio no fue solamente una civilización cimentada  en la espiritualidad, la erudición o las riquezas materiales. También supo cultivar el arte gastronómico, dentro de la mejor tradición epicúrea heredada de la antigua Roma. Y nuestra sección Sabores de Bizancio, rinde culto a la culinaria bizantina, hoy casi olvidada pero que ha contribuido enormemente al desarrollo de las cocinas del Mediterráneo y aún más allá.

Existen varias referencias de la época bizantina a sopas o cazuelas de pescado o mariscos, y no es difícil suponer que deben haber sido muy cercanas a la actual kakavia griega, ya que, a juzgar por la evidente similitud de ésta con  otros platos similares de la cuenca mediterránea como la Bouillabaisse marsellesa o la calderada española, podemos ver que todos ellos derivan de una tradición común, sin duda anterior a la civilización bizantina, pero mantenida por ésta con mínimas variaciones, si las hubo.  

 

Ingredientes

 

½ taza de cebolla picada

½ taza de puerro picado

½ rama de hinojo, en tiras delgadas

1 hoja de laurel

1 cdta. de tomillo

2 tazas de vino blanco seco

4 tazas de agua

½ taza de aceite de oliva

2 kg. de pescado, si es posible de 3 o 4 tipos distintos. Sacar huesos y cabezas, si hubiera, y juntarlos aparte.

½ kg. langostinos

½ kg. de mejillones o almejas con caparazón, bien lavadas y limpias

2 docenas de rebanadas gruesas de pan, de preferencia de hogaza o baguette.

 

 

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En el mundo culinario bizantino, tal como ha ocurrido y ocurre en otras culturas, deben distinguirse dos planos bien distintos. Por un lado, tenemos la cocina destinada al consumo de las clases populares, de carácter familiar y cotidiano, si se quiere. Por el otro, la que podemos denominar alta cocina, reservada para la corte y grupos acomodados. Si la primera está relacionada estrechamente con la herencia común del arte culinario del Mediterráneo, la segunda abunda en elementos exóticos, con frecuencia introducidos desde los países o regiones con las que el Imperio mantenía relaciones comerciales. La privilegiada ubicación geográfica de Constantinopla, como obligado punto de paso de las rutas de comercio, permitió que con los mercaderes llegaran también diversos elementos culturales entre los que se contaban sin duda los aportes culinarios.

 

   

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